LAS HUELLAS DE CHERNOBIL
Hace 25 años se produjo el peor accidente nuclear de la historia en Chernóbil, Ucrania, que convirtió a pripyat en una ciudad fantasma. El periodismo científico de Honduras no dejaría pasar esta fecha (26 de abril) sin abrirse una oportunidad y dar a conocer a la comunidad hondureña y mundial, las consecuencias que hasta los actuales días padecen las poblaciones cercanas a la zona del accidente.
Un recuerdo histórico narra que: el 26 de Abril de 1986, durante una prueba donde se simulaba un corte del suministro eléctrico en la central nuclear de Chernóbil, se produjo un aumento súbito de la potencia del reactor, sobrecalentando el núcleo, lo que termino causando una fusión nuclear, la explosión de hidrogeno acumulado en su interior y la posterior liberación de material radiactivo a la atmosfera.
Treinta y una personas murieron en el momento y alrededor de 135,000 tuvieron que ser evacuadas inmediatamente, la radiación se extendió entonces a la mayor parte de Europa, pero su estela mortal llega hasta nuestros días con miles de casos de cáncer. Solo en Bielorrusia, Rusia y Ucrania el accidente nuclear podría ser el responsable de 200,000 muertes adicionales entre 1990 y 2004, según un informe firmado por 52 investigadores científicos.

Portada de la revista donde se publico el articulo.
Todas las zonas afectadas por el accidente fueron contaminadas con altos niveles de radio nucleídos, entre ellos cesio-137, un material altamente toxico cuyo periodo de desintegración es de 30 años y cuya permanencia en el ambiente llega a los 300 años. Una vez que el suelo lo absorbe este material llega a las plantas, de las plantas pasa a los animales y por la cadena alimenticia termina llegando al hombre.
La preocupación que envuelve a la población Ucraniana en la actualidad es que la administración está haciendo caso omiso a la situación, esto se refleja en acciones como: la discontinuidad en la realización de controles para evitar el consumo de alimentos con alto nivel de cesio-137, la finalización de los análisis de alimentos que realizaba el Ministerio de Emergencias de Ucrania, inversiones de cientos de millones de euros a las obras de contención del dañado reactor y no destinan dinero para evitar que los campesinos más afectados consuman alimentos contaminados, la reducción de las ayudas que se brindaba a los campesinos residentes en las zonas afectadas para evitar que cultiven sus tierras contaminadas.

Parte de la interesante información que la revista publicó en su interior.
Por otra parte existen organismos haciendo esfuerzos para poder brindar algún tipo de ayuda que minimice los daños que aun pasados 25 años siguen teniendo repercusión en la salud de muchos pobladores ya que continúan expuestos a niveles de radiación peligrosos, la Greenpeace Internacional asegura en sus informes recién elaborados que el cesio-137 y otros materiales contaminan el suelo y el agua. Los servicios médicos de algunas zonas informan que siguen atendiendo ciudadanos con altos niveles de radiación en su cuerpo debido al consumo de alimentos contaminados, esto ha motivado la idea de llevar a los niños fuera de de la zona afectada y que pasen al menos 100 días para intentar que en ese periodo se alimenten con productos sanos y puedan limpiar en parte los radio nucleídos de su cuerpo. Según el director del Instituto Ucraniano de Agricultura y radiología bastaría con proporcionar piensos limpios para el ganado y fertilizantes especiales que permiten la progresiva limpieza de los suelos contaminados.
Sin embrago la realidad es que estos pueblos han sido olvidados por la administración y a consecuencia de esto ha desaparecido todo tipo de ayuda. De lo que si estamos seguros es que el mundo recuerda el mayor desastre nuclear de la historia que dejo hondas huellas físicas y mentales en la población.
Fuente: revista “Siempre”, diario “El Heraldo”, 24 de abril de 2011.
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